La IA y el empleo: ¿en qué quedamos?

Con la IA y el empleo, ¿en qué hemos quedado exactamente? Me lo pregunto en serio, porque el relato cambia según quién lo cuente y según lo que le convenga en ese momento. Unos días la IA va a reemplazar casi todos los trabajos. Otros días solo afectará a algunos sectores. Y otros, nos va a liberar tiempo para lo importante.

IA y empleo: un maletín de trabajo con un punto de interrogación en el centro

IA y empleo: cuatro relatos a la vez

Si junto lo que leo en un mes, me salen varias narrativas que no encajan entre sí:

  • La IA va a reemplazar todos los trabajos, o solo algunos como desarrollo, consultoría y traducción.
  • Ha aumentado la productividad, así que producimos el doble o, mejor aún, tenemos más tiempo libre.
  • Los perfiles junior lo tienen cada vez peor, o se han convertido en “junior+” capaces de hacer el trabajo de un sénior.
  • Quien sufre es el sénior, porque un junior+ hace su trabajo por mucho menos dinero.

Quizá todas son ciertas, solo que unas ocurren ahora y otras ocurrirán en un futuro sin fecha. O quizá la respuesta honesta es que no lo sabemos y usamos una narrativa u otra según convenga.

Lo que dicen los datos, por ahora

Los datos disponibles, de momento, no cuentan una historia tan dramática como los titulares. En 2025, un análisis del Budget Lab de Yale concluyó que el mercado laboral estadounidense no había sufrido una disrupción apreciable en los 33 meses posteriores al lanzamiento de ChatGPT.

Sin embargo, el efecto no es cero para todos. Un estudio del Stanford Digital Economy Lab, basado en datos de nóminas de ADP, encontró una caída relativa del 13% en el empleo de trabajadores de 22 a 25 años en las ocupaciones más expuestas a la IA. En cambio, el empleo de los perfiles más experimentados en esos mismos puestos se mantuvo estable o creció.

Es decir, el impacto agregado es pequeño, pero hay un grupo concreto que ya lo nota: quien intenta entrar. Eso encaja mal con el relato de “nadie va a perder su trabajo” y también con el de “todos lo vamos a perder”.

La IA aumenta la productividad… del valor de la acción

Hay una lectura más cínica que me parece necesario decir en voz alta. Para muchas empresas, la IA aumenta sobre todo la productividad del valor de la acción.

Te permite justificar despidos, reducir costes y anunciar eficiencias, aunque probablemente no estén relacionadas directamente con el uso de la IA. Con un poco de suerte, sube la cotización y llega el aplauso de los inversores. Y si dentro de unos meses necesitas volver a contratar, lo harás más barato, en un mercado laboral un poco más precario. Todo fantástico.

No digo que siempre sea así. Digo que “lo hemos hecho por la IA” es una explicación cómoda, porque suena a inevitable y nadie pide demasiados detalles.

La objeción: la relación entre IA y empleo tarda en verse

El contraargumento serio es que las grandes tecnologías tardan años en notarse en las estadísticas. La electricidad o internet no cambiaron el empleo de un trimestre para otro. Por eso, que hoy no veamos una disrupción masiva no garantiza que no vaya a llegar.

Me parece razonable. Aun así, la prudencia funciona en las dos direcciones. Si no sabemos cuándo ni cómo llegará el impacto, tampoco deberíamos tomar decisiones drásticas como si ya hubiera llegado. Recuerdo las predicciones de AGI para 2027, y lo rápido que algunos pasaron a hablar de “superinteligencia” para rebajar expectativas. Los plazos cambian. La urgencia, curiosamente, no.

Qué hacer mientras tanto con la IA y el empleo

Si la incertidumbre es real, la mejor estrategia no es apostar por un relato. Es prepararse para varios:

  • Para quien empieza: el riesgo está en las tareas de entrada. Conviene aprender pronto lo que la IA no hace bien: criterio, contexto y relación con clientes.
  • Para quien ya tiene experiencia: el valor está en saber qué preguntar y cómo revisar, no en ejecutar más rápido.
  • Para las empresas: antes de recortar, medir. Si la IA no ha cambiado de verdad un proceso, despedir no es eficiencia; es contabilidad.

Hablé de estos temas en una sesión en la Universidad de Barcelona sobre el impacto de la IA en el trabajo. Y sobre lo que la IA hace y no hace, escribí que automatizar no es inventar.

La narrativa como herramienta

Quizá lo más revelador del debate no es lo que dice sobre la IA, sino lo que dice sobre nosotros. Elegimos el relato que justifica lo que ya queríamos hacer: invertir, recortar, contratar o esperar.

La pregunta incómoda no es qué hará la IA con el empleo. Es quién se beneficia de que creamos que ya lo sabemos.

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