Cada vez que empieza un curso escolar vuelve la expresión “comprensión lectora”. Y cada vez me parece más extraña. ¿Qué significa leer sin comprender? Si no entiendes lo que lees, no estás leyendo: estás pasando los ojos por encima de unas letras.
Que necesitemos especificar “comprensión” junto a “lectura” no es un detalle técnico. Es un síntoma.

Comprensión lectora: una expresión que delata
No soy el primero al que le chirría. Neil Postman lo señaló en 1985, en Amusing Ourselves to Death. Según él, evaluar la “comprensión” de un lector, como algo distinto de lo que el lector esté haciendo, habría parecido absurdo en 1790, en 1830 o en 1860. “¿Qué otra cosa era leer sino comprender?”, se preguntaba.
Postman escribía sobre la televisión. En concreto, sobre cómo una cultura de la imagen y el entretenimiento iba desplazando a la cultura de la palabra escrita. Su intuición era que el lenguaje sobre la lectura había cambiado porque la lectura misma había cambiado. Por tanto, si hablamos de comprensión lectora es porque aceptamos que existe otra lectura, una que no comprende. Y que es lo bastante común como para tener que distinguirla.
Lo que dicen los datos de comprensión lectora
No es solo una cuestión de palabras. El 8 de septiembre de 2026 se publicaron los resultados de PISA 2025. España obtuvo 451 puntos en lectura, 23 menos que en 2022, por debajo de la media de la OCDE. Según esa misma información, el 68% de los alumnos españoles alcanza al menos el nivel 2 de lectura, frente al 69% de la OCDE. Además, solo un 2% llega a los niveles más altos, frente al 6%.
Los datos admiten muchas lecturas (sí, comprensivas). No seré yo quien atribuya la caída de la comprensión lectora a una sola causa. Sin embargo, es difícil no relacionarla con algo que vemos a diario: leemos más fragmentos que nunca y menos textos completos que nunca.
Escucha activa, 1,5x y fast-forward
Me atrevería a decir que lo mismo pasa con la “escucha activa”. Otra redundancia que se ha vuelto necesaria. Escuchar siempre fue activo; lo pasivo era oír.
Hoy escuchamos podcasts a 1,5x, vemos vídeos saltando hacia delante y leemos resúmenes en lugar de libros. A mí, sinceramente, me da igual la velocidad o el formato. Incluso que estés pensando en las musarañas, siempre que entiendas lo que escuchas. Si no, ¿para qué?
El problema no es la velocidad. Es confundir el consumo de un contenido con su comprensión. Haber “visto” una charla no es lo mismo que poder explicar su argumento. Haber “leído” un resumen no es lo mismo que haber pensado sobre un libro.
La objeción: comprender tiene niveles
Siendo justo con el término, tiene una lógica. Los especialistas distinguen entre descodificar un texto, es decir, convertir letras en palabras, y comprenderlo. Y la comprensión lectora tiene niveles: literal, inferencial, crítico. Para diagnosticar dónde se atasca un alumno, esa distinción es útil. Hay niños que leen en voz alta sin errores y no saben decirte de qué iba el texto.
Lo acepto. Pero precisamente por eso me parece un síntoma. Si hay que separar con tanto cuidado descodificar de comprender, es que lo primero ya no garantiza lo segundo. Lo que antes se daba por hecho, que quien sabía leer entendía lo que leía, ahora hay que medirlo, entrenarlo y ponerle nombre.
Leer para entender, no para haber leído
Hay otra idea de Postman que me gusta mucho: la palabra escrita perdura y la hablada desaparece. Por eso la escritura exige más de quien escribe y de quien lee. Un texto se puede releer, contrastar, refutar. Obliga a seguir un argumento de principio a fin.
Esa es la capacidad que está en juego, y no solo en los colegios. Su ausencia se nota en los emails que nadie lee hasta el final y en documentos que se resumen con IA antes de abrirlos. También en reuniones donde se responde a lo que uno creía que el otro iba a decir. Comprender exige tiempo y atención, que son exactamente los dos recursos que menos estamos dispuestos a dar.
La IA añade una capa nueva a la discusión. Si una herramienta puede resumirte cualquier texto, ¿para qué aprender a leerlo entero? Hablé de algo parecido en para qué estudiar si una IA puede hacerlo por ti. Mi respuesta sigue siendo la misma. El resumen te dice qué pone, pero no te enseña a pensar sobre lo que pone. Y lo segundo es lo único que no puedes delegar.
Lo que esto pide de la educación
Doy clase desde 2016 en universidades y escuelas de negocio. Cada vez tengo más claro que el valor de la formación no está en acumular contenidos que cualquiera encuentra en segundos. Está en entrenar las capacidades para usarlos: leer un texto difícil, seguir un argumento, detectar lo que falta. Sobre cómo entiendo la docencia, hay más en mi página de teaching & speaking. Y si te interesa recordar lo que lees, en El poder del palacio de la memoria hablo de técnicas para hacerlo.
Comprensión lectora: una palabra de más
Quizá dentro de unos años nos parezca normal hablar de comprensión lectora, igual que hoy hablamos de “escucha activa” o de “pensamiento crítico”. Como si hubiera otro tipo de pensamiento que mereciera ese nombre.
Cada vez que una palabra necesita un adjetivo para recuperar su significado original, conviene preguntarse qué hemos perdido por el camino.


